Kbros es un equipo de agentes de IA con el que un niño construye, publica y vende su primera startup. De verdad: con página propia, clientes reales y un Demo Day al final.
Sin código. Sin chats abiertos. Nada se publica sin que un adulto apriete el botón.
Esto es un demo guiado: la conversación se reproduce sola. Mira cómo los K proponen y el niño decide.
Por dentro es un sistema multiagente: Kapitán orquesta y llama a Kira, Kai y Koa como herramientas con permisos limitados. Por fuera, es su equipo.
Una notificación con vista previa antes de publicar, el diario del proyecto y las decisiones que tomó su hijo. Y un resumen semanal escrito por Kapitán.
A los 6 esto mismo pasa por voz y con el papá al lado. A los 13, el niño escribe las instrucciones y ve sus datos.
La conversación es un guion de ejemplo.
Toca una tarjeta para ver qué hace cada K por dentro.
Es el orquestador. Decide a qué K le toca, revisa lo que entregan y le devuelve al niño la decisión. Lleva el diario del proyecto.
Enseña a pensar antes de hacer, a dar un buen brief, a delegar y a revisar.
Nunca construye ni diseña. Si el niño le pide "hazlo tú", responde con una pregunta.
Genera nombre, logo simple, colores, afiche, fotos de producto con IA y el look de la app. Siempre tres opciones, nunca una.
Enseña que la primera impresión importa y que decidir entre opciones es diseñar.
Nunca genera imágenes de personas reales ni usa personajes de otros.
Despliega la app desde plantillas seguras, crea el subdominio, guarda los pedidos. Muestra siempre una vista previa antes de publicar.
Enseña que construir es iterar: versión uno, probar, versión dos.
Nunca publica sin la aprobación del papá. Ni sale de la plantilla que corresponde a la edad.
Ayuda a fijar precio, escribe el mensaje de venta, arma el plan de a quién avisarle, registra las ventas y las muestra en un tablero que el niño entiende.
Enseña que vender es avisar bien, y que el precio es una decisión.
Nunca contacta a nadie. Escribe el mensaje; el niño o el papá lo envía.
Cada niño adopta a sus K: elige color, ojos, accesorio y los rebautiza (con K, siempre). Así nacen Kevin, Kika, Kuki. Y cada K desbloqueado llega con un sticker real a la casa.
Los conceptos de startup no se estudian, se ejecutan. El niño nunca ve la palabra "MVP"; ve "la versión uno". Nunca ve "validación"; ve "pregúntale a tres personas". Toca un mundo para abrirlo.
Diez semanas, una sesión de 20 a 30 minutos por semana, sola o con el papá según la edad. Cada sesión termina con algo visible: un dibujo de la idea, un nombre, una página, una venta.
Cada temporada nueva trae un K nuevo. Es la señal de que el niño creció.
Un panel simple: el diario del proyecto que lleva Kapitán, las decisiones que tomó tu hijo y por qué, las solicitudes pendientes de publicar y las ventas. No un reporte de tiempo de uso: una historia de lo que tu hijo pensó.
Cada semana llega un resumen de dos párrafos, escrito por Kapitán, que se puede reenviar a la abuela.
En Copiloto, todo. En Explorador, apruebas y miras. En Fundador, apruebas. La idea es que estés sin estorbar, y que tengas algo que contar en la comida.
Modo Explorador. Kapitán, Kira, Kai y Koa. Una plantilla: la tiendita. Mundos 1 a 4 y el panel del papá.
Diez cabros. Una sesión por semana, con nosotros mirando. Demo Day casero en diciembre. Meta: un niño le vende a alguien que no es su mamá.
Modo Copiloto por voz. Tres plantillas. Personalización de los K y stickers. Primeras cincuenta familias, por referidos.
Modo Fundador, Kala y Kumo. Primer colegio o taller como canal. Demo Day público. Primera app en las tiendas.
Estamos armando la temporada 0 con diez cabros. Si tienes uno en casa entre 6 y 15, escríbenos.
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